Contexto Social Actual

Estilos educativos de hoy y la baja tolerancia a la frustración.

Tal vez anteriormente asociábamos conductas disruptivas y de riesgo en los menores respecto de estilos educativos más autoritarios que generaban o bien frustración y deseo de trasgredir las normas, o bien un retraimiento con las consecuentes consecuencias en el desarrollo del menor.  Hoy en días son los modelos más permisivos y o sobreprotectores los que generan grandes problemas de tolerancia a la frustración, de falta de capacidad de esfuerzo, y tendencia hacia conductas de riesgo como el consumo de alcohol y drogas.

 

Existe mucha bibliografía que vinculan las relaciones extremadamente afectivas y fusionadas como factor de riesgo en el desarrollo de la violencia familiar y otras conductas de riesgo. La conducta agresiva se explica como un intento primitivo de alejamiento en una relación en la que la educación (límites, normas) se sacrifican para mantener el afecto (Pereira y Bertino, 2009).

El tiempo es oro, o la falta de tiempo para educar.

Hoy en día el mercado laboral, además de la inclusión en este entorno de ambos miembros de la pareja lo cual ya genera limitaciones respecto el tiempo disponible para educar, requiere de nosotros mayores niveles de dedicación a un mismo nivel de salario, lo cual genera mayores niveles de estrés y así mismo disminuye el tiempo disponible para la educación de nuestros hijos e hijas.

 

Las familias vivimos sin tiempo: salimos tarde de la oficina, nos reclaman continuamente por el móvil, tenemos que responder a un sinfín de e-mails diarios, reuniones... Y al llegar a casa, deberes, hijos, cena. Tras acostar a los pequeños todavía hay un sinfín de cosas que hacer.

Desgraciadamente así es la vida cotidiana de muchas mujeres y hombres; cada vez inmersos en mayores niveles de estrés. No hay tiempo para más; y ya no solo el ocio, también la convivencia se ve afectada. Las relaciones cada vez tienden a ser más superficiales y se dedica menos tiempo a las personas, la familia y a la resolución de conflictos: “Esto es lo que hay”, “no puedo perder tiempo”, “me encantaría quedar pero estoy muy ocupado”…

Este contexto resulta difícil para la Educación con mayúsculas; la educación que se vincula con el desarrollo personal y de valores de nuestros hijos e hijas.

*Según la Organización Mundial de la Salud alrededor de 2,3 millones de personas en nuestro país (un 5,9% de la población) padece trastornos relacionados con la ansiedad y el estrés. Otras fuentes establecen que este afecta a 1 de cada 3 personas en Europa.

Ninis o crisis económica.

Cada vez más padres y madres viven preocupados porque sus hijos e hijas no hacen nada con su vida: no estudian, no trabajan. Bien es cierto que en este sentido hay muchos factores que afectan a esta situación como los modelos educativos que no han fomentado la capacidad de esfuerzo, de motivación y de manejo de mis emociones ante situaciones difíciles o de superación entre otros. Pero también es cierto que la crisis económica no solo afecta a los adultos, sino que también a las nuevas generaciones por contraste por su propio futuro. La OCDE, analiza cuantos chicos y chicas ni estudian ni trabajan concluyendo que la crisis y el elevado desempleo impulsan las cifras en el sur de Europa. España es uno de los países de la OCDE, con más jóvenes sin estudiar ni trabajar. El 22, 7% de quienes tienen entre 15 y 29 años son ninis, solo hay tres países todos de la ribera mediterránea, con un porcentaje superior: Turquía, Grecia e Italia.

 

Ante estas dificultades actuales y ante la incertidumbre que genera el futuro, la educación de nuestros hijos tendente a su Empoderamiento Personal, cobra una mayor importancia y necesidad.

Cuando las personas se empoderan pueden superar sus limitaciones y déficits, por la fuerza de la motivación personal y de creer en uno mismo. Es decir pueden por ejemplo superar un examen de matemáticas aunque no tengan las mejores aptitudes para ello.

Educación o actividades extraescolares.

Por otro lado, parece que hemos derivado nuestras competencias educativas como madres y padres hacía un interminable abanico de actividades escolares, que nos alejan nuevamente del pasar tiempo educando a nuestros hijos e hijas, y nos hacen pasar de ser madres y padres a manager de nuestros hijos e hijas.

 

Es normal que en una sociedad como la nuestra competitiva y consumista como la nuestra uno quiere sacar el máximo potencial de sus hijos.

 

Sirva el ejemplo de Joseph Jackson cuando a golpe de látigo creo los célebres Jackson Five, hasta que sus hijos acabaron despidiéndole de sus funciones de manager. Es cierto que por ejemplo el de los Jackson five, y otros son ejemplos extremos, en unos campos, el deporte y el espectáculo, donde se valora el talento precoz.

 

Sin embargo, en la competitiva sociedad del siglo XXI, donde se mezclan la incerteza laboral con un consumismo desaforado, cada vez son más los progenitores que invierten en la formación de sus hijos como si de un producto se tratara. Muchas veces y como resultado de esto, podemos encontrar a niños y niñas cargados de conocimiento pero faltos de límites, empatía, de capacidad de asumir frustración o de habilidades sociales.

Analfabetismo socio-afectivo.

La sociedad estamos desconectando de nuestras emociones, y ya no es que no dediquemos tiempo a educar desde una perspectiva socio-afectiva a nuestros hijos e hijas; sino que como también nosotros hemos perdido contacto con nuestras emociones, no sabemos el qué y el cómo tenemos que educar en este ámbito.

 

También parece digno de reflexión, como pasamos años y años educándonos a través de absorber conocimiento del entorno, que en algunos casos  pueden quedarse rápidamente obsoletos, y vernos estudiando teorías superadas o discutidas en el campo de las ciencias.  Y como los chicos y chicas llegan a la madurez sin apenas saber cómo funcionan ellos mismos por dentro, y como extraer de sí mismos todo su potencial personal y social.

 

Revelador es también la sorpresa y entusiasmo de chicos y chicas al descubrir en nuestro proyecto educativo que tienen una autoestima, y al aprender rutas para reforzarlas, al aprender a distinguir lo que sienten en cada momento,  al aprender a manejar sus emociones o al aprender a relacionarse socialmente de una manera asertiva.

La sociedad de la inmediatez y de las respuestas mágicas.

Esta carencia de tiempo unida a la sociedad del consumo inmediato hace que deleguemos hacia un gran entramado de oferta de servicios y productos, nuestras necesidades habituales, entre ellas la educación de nuestros hijos. Ej. Si me encuentro mal el psicólogo o el psiquiatra me ayudará, si tengo un conflicto el abogado lo solucionará por mí, si necesito educar a mis hijos e hijas, se encargarán de ello en el centro escolar.

En este contexto de las respuestas rápidas surgen algunas ideas creativas como la de una escuela de Canadá  Des Cédres en Laval, provincia de Quebec  que usa bici-pupitres en niños con déficit de atención.

 

Queremos respuestas mágicas, y rápidas y en general la sociedad deja muy poco espacio a nuestro desarrollo personal, nuestra estima personal, el manejo de nuestras emociones, nuestras habilidades sociales, etc.

La convivencia Hoy:

Si pensamos en nosotros como sociedad, podríamos reconocernos en ocasiones como envidiosos e individualistas. Podríamos vernos buscando aspectos negativos de nuestros vecinos, para justificar la inseguridad que nos produce que tengan una mejor situación económica que nosotros.

 

Podemos vernos en ocasiones no queriéndonos relacionar, por sentirnos diferentes; esto es “el ellos y el nosotros”, tan imperante en nuestra sociedad; sin darnos cuenta que junto a ellos formo una sociedad,  una comunidad que es una de las grandes esencias de nuestra naturaleza como seres sociales.

 

Educamos a los chicos y chicas en empatía, creyendo que  en ellos están ciertos problemas como el acoso escolar, lo cual es correcto y alentador y nos genera ilusión al pensar que las nuevas generaciones pueden ser mejores que nosotros en este sentido, pero no porque tengamos mucho que enseñarles los adultos, sino porque cada vez más personas caemos en la cuenta de la necesidad de aprendizaje respecto de estas competencias de convivencia y de resolución de conflictos.

¿Cómo afrontar los conflictos? es un proyecto de Garrébil en Colaboración con Bitar-Bask

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