Con esta idea en mente, Empezamos a adentrarnos teóricamente en las tripas de la Resolución de Conflictos para conocer que competencias personales e interpersonales, hacían posible un resultado eficiente en la transformación de conflictos, poniendo la atención en los comportamientos que aprendían las partes implicadas en el conflicto.

 

Así, diferenciándonos de otros planteamientos en el campo de las Habilidades Sociales, nos centramos en el Conflicto por ser el momento más difícil de la convivencia. Ese momento en que vemos frustrados nuestros deseos ante la existencia del otro, y en el que existe en nosotros una predisposición hacia la agresión. La idea de la existencia del otro nos lleva a pensar en la idea de convivencia, convivencia que se ve deteriorada por un tratamiento negligente de los conflictos. Por otro lado la idea de conflicto se relaciona con la idea de agresión, y esta con la de la violencia, y por tanto aprendiendo a resolver nuestros conflictos, podremos ayudar a disipar la violencia. Pero también es cierto que la violencia tiene más que ver con comportamientos aprendidos que con deseos frustrados, y por lo tanto hemos entendido que la educación en la convivencia necesitaba además del desarrollo de otras competencias distintas.

 

Entendimos que tanto para resolver nuestros conflictos positivamente con los demás como para convivir necesitamos convertirnos en personas asertivas que entiendan al otro como parte de sí mismos, plasmándolo en la comunicación a través de las habilidades comunicativas y técnicas asertivas. Esto nos llevó casi automáticamente a pensar en la autoestima, y en que es fundamental para construirnos como personas asertivas, competencia por tanto fundamental en la educación en la convivencia.

 

Muchas veces sin necesidad de que exista un conflicto, por ejemplo por una baja tolerancia a la frustración, nos vemos avocados  a la agresión que es puesta en acción a través de la emoción de la ira. Una ira que es necesario regular para evitar los comportamientos violentos que no suponen sino un deterioro de la convivencia. En este sentido adoptamos de la Inteligencia Emocional competencias básicas dirigidas a conocer, regular y expresar emociones por entenderlas fundamentales dentro del planteamiento educativo.

La violencia como comportamiento aprendido y por tanto menos reactivo que la agresión, sigue otros patrones diferentes y como apuntan los neurólogos la mejor herramienta de prevención es educar en empatía, que es otra de las competencias fundamentales de la inteligencia emocional, y que por su importancia y diferente tratamiento hemos decido aislarla del resto.

¿Cómo afrontar los conflictos? es un proyecto de Garrébil en Colaboración con Bitar-Bask

Calle del Músico Ledesma 4, 3º  

Teléfono: 94 405 16 14